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martes, 23 de junio de 2015

Jornada de reflexión.


Llevo un tiempo que no hago más que darle vueltas a las cosas.
Todo evoluciona, la vida sigue, se cambia. 
Mucho de lo que antes era algo por lo que sentía una ilusión tremenda, ahora no es más que algo que tengo que hacer. 
Hay veces que quiero gritar, que necesito que los demás se preocupen por mí pero cómo lo hago saber. No soy una persona que se de al victimismo. No puedo, no se y no quiero aprender.
Tampoco soy alguien a quien socializar con los demás se le de especialmente bien, tal vez soy muy seca, pero tengo sentimientos, siento aprecio y cariño por los demás, por eso cuando veo que gente que hace poco tiempo que se conocen tienen tanto aprecio el uno por el otro siento algo de envidia, es algo que me gustaría poder hacer pero igualmente no puedo, se me hace difícil. 
Siempre me quedo esperando que alguien venga a hablarme.

Pero ¿sirve de algo lo que yo sienta o piense? 

Sólo he sacado hoy una cosa en claro de todo esto y es que necesito renovar algo en mi vida.

Aunque no venga mucho al caso, el lolita es algo que me había ilusionado como pocas cosas en años, pero desde hace un mes o así ha cambiado, ya no me entusiasma mirar nuevos diseños, los vestidos que veo en las tiendas no me entusiasman, me amargo cada vez que tengo que buscar algo para terminar de completar un coordinado... Es extraño.

No quiere decir que lo vaya a dejar, me sigue gustando vestirlo, sólo que ya no lo vestiré tan asiduamente como antes, no voy a dedicarle tanto tiempo y no voy a hacerme más ropa o a comprar más. Me quedaré con lo que tengo. 

Tal vez algún día pueda volver a retomarlo como antes. Tal vez esto derive en un adiós para siempre. 

Es otra etapa de la vida que pasa.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Palabras.

Por esas veces que quiero desaparecer. 
Sólo caminar y dejar que mis pasos me lleven. 
No quiero pensar. 
No quiero sentir.
No quiero ver.
Ni oír.

Se que no estoy sola, tengo familia, amigos y a mi pareja. ¿Y qué?
Hay veces que ni siquiera eso es suficiente.
La frustración me puede.
La desgana me invade. 
El querer llorar hasta caer rendida.
¿Y por qué? No lo se.

Esos momentos en los que la más mínima cosa hace que me derrumbe.
Cualquier cosa me entristece y me daña.
Todo me desespera.
Todo me puede.
Todo se tuerce.
Nada sale bien.

Tal vez no tenga razones para sentirme así, lo se.
Pero, ¿qué hago? No puedo evitarlo.
Como en un laberinto.
Así me siento.
Atrapada.
Sin salida.

Odio ese ciclo que no termina. 
Intento ser fuerte.
Tengo que conseguirlo aunque me parezca imposible.
El abismo no podrá conmigo.


jueves, 13 de marzo de 2014

Un poco de caos.

Se agolpan en mi mente palabras que nunca te diré, tal vez las leas, tal vez las sientas pero siento que si alguna vez las digo en voz alta todo cambie y tú ya no seas el mismo conmigo.

Te conozco, lo sabes. Has sufrido, lo se.

Cuántas veces habré pensado: ¿será esta mi oportunidad? Y por cobardía veía como pasaba. Y es ahora cuando vuelvo a preguntarme: ¿me dejarás intentarlo? Tengo miedo de oír tu respuesta.

Quiero expresar lo que eres para  mí.

Nunca he conocido a nadie como tú, que me comprenda, que me entienda, que me mire y sepa si me pasa algo, que sea tan afín a mí. Tal vez pienses que exagero pero, créeme, no lo hago, yo lo siento así.

Ahora se que inconscientemente a lo largo de mucho tiempo siempre he buscado a alguien como tú pero no nos engañemos, tú eres único.

Me duele verte sufrir, me duele como si fuese mío ese sufrimiento, odio a las personas que te lo causan, ¿cómo a alguien tan maravilloso pueden hacerle eso?

Y tú me dices: no soy perfecto.
Y yo te respondo: lo se pero tus defectos para mí son tan pequeños que ni siquiera existen.

En mi mente sólo hay un pensamiento cuando me acuerdo de ti: quiero que seas feliz. Y algunas veces, cuando te miro, pienso que debería decirte lo que realmente siento: déjame amarte como nunca lo han hecho. Porque quiero ser para ti esas alas que te ayuden a volar hasta que no veas el suelo y sientas que has alcanzado tu meta. Quiero estar ahí para animarte, apoyarte, ayudarte y ser alguien en quien confíes.

No se si lo publicaré o no, si te lo enviaré para que lo leas o no, esto sólo es un escrito desordenado de mi caótica mente, un vano intento de expresar lo que siento coherentemente.

Y si lo lees ¿qué pasará? Tengo miedo. Tal vez no quiera saber la respuesta. Dicen que la ignorancia da la felicidad pero yo no sirvo para mantenerme ignorante, el querer saber me corroe.


Sólo se que quiero que confíes en mí. Quiero ser parte de ti. 

lunes, 2 de diciembre de 2013

El tesoro que encontré...

Esta es una iniciativa de My Lolita Style, consiste en contar el preciado tesoro que encontramos en el lolita ^^ Me pareció una actividad muy linda, así que yo también me uno a ella.

El Tesoro que encontré en el Lolita no fue sólo uno, fueron amigos, experiencias, superación y a mí.

Encontré muchos amigos con los que ya no sólo comparto vivencias y locuras lolitiles sino que han pasado a ser una parte imprescindible de mi vida, que me han apoyado y ayudado en miles de cosas y que consiguen sacarme una sonrisa cuando más lo necesito ^^

Encontré experiencias nuevas, proyectos, agobios, estrés pero cosas que al finalizar te hacen ver con satisfacción que todo ha ido bien y que podemos con todo lo que nos propongamos.

Encontré superación, al entrar en un mundo que conocía sólo a través de internet y las redes sociales tenía mucho que aprender, gracias al Lolita me propuse aprender a coser mejor, a hacer mis propios accesorios, aprendí a editar vídeos, a organizar eventos... Y todo lo que venga lo intentaré superar.

Y lo más importante, me encontré a mí misma. Después de malos momentos, de experiencias nefastas y de recuerdos que es mejor olvidar, en el Lolita siempre he encontrado un motivo por el que sonreír y seguir adelante, porque no es sólo un vestido bonito, es ese vestido maravilloso que cuando te lo pones te hace sentir como la mujer indestructible que puedes ser, te levanta el ánimo y ves las cosas desde una perspectiva mucho más positiva, sientes que puedes con todo.

En resumen, el Lolita para mí es un TESORO por sí mismo ^^

lunes, 28 de octubre de 2013

Condéname (II)


Poco a poco tomo conciencia de mí. No estoy muerta ¿Por qué? Esa pregunta no deja de rondar mi mente.

Abro los ojos e intento incorporarme pero no puedo, mi cuerpo pesa demasiado y mis músculos no responden a mis órdenes, me siento débil. Miro hacia arriba y un bello dosel con cortinas de un precioso brocado marfil deleitan mi vista, las columnas de madera bellamente talladas simulan rosas y enredaderas. Tengo ganas de mirar cómo será el cabecero pero no puedo moverme. Mis manos sienten una suavidad irreal, las sábanas parecen ser de satén.

A través del enorme ventanal que preside la habitación puedo ver que es de noche, sus puertas están cerradas, tan sólo el fuego que crepita en la majestuosa chimenea y una vela junto a la cama rompen la oscuridad que baña este lugar.

Puedo ver una figura junto a la cama, se quién es pero ¿cómo ha entrado? La puerta y el balcón han permanecido cerrados todo el tiempo, tal vez estuviese ahí siempre. Sus oscuros ojos me miran impasibles, no puedo ver a través de él pero siento como si su mirada atravesase todo mi ser hasta llegar a los pensamientos más profundos que me corroen.

-He cruzado océanos de tiempo hasta encontrarte-. Me dice calmadamente.- No quería dejarte en ese estado de debilidad pero temía que escapases al despertar.

Su voz es tan profunda, trae a mí recuerdos de algo prohibido, una sensualidad que se pierde en el tiempo.
“Estoy encadenada a ti” quiero decirle, pero no puedo articular palabra y ellas se quedan en un simple pensamiento.

-Te sientes débil, tienes hambre, he bebido tanto de tu sangre que apenas puedes moverte y yo ¿qué debo hacer ahora? ¿Debo dejarte seguir viviendo como mortal y ver cómo te consumes o debo darte de mi sangre para poder pasar contigo toda la eternidad? Voy a darte la oportunidad que a mí no me dieron, la oportunidad de escoger.

Se acerca a mí y me ayuda a incorporarme, lleva en la mano una copa que antes no había visto.

-Bebe, te dará fuerzas.

Está bueno, sabe a frutas. Poco a poco noto que recobro las fuerzas perdidas. No aparta su vista de mí, no me suelta, me mantiene abrazada como si tuviese miedo.

-No voy a huir de ti. Sé que no me harías daño.

Me mira fijamente, en sus ojos veo un destello de alivio pero aún recela, no sabe si confiar en mí.  

-Quiero pasar mi eternidad contigo. Condéname. 

sábado, 26 de octubre de 2013

Muérdeme (I)


Y fue entonces cuando te vi. Tan sólo una sombra en mitad de la oscura calle, enigmática figura inmortal.

Mi respiración se convierte en blanco vapor, el frío de la noche cala mis huesos, el ruido de la ciudad se escucha incesante pero yo sólo puedo oír el latido de mi corazón inquieto e impaciente por tu sola presencia.
No puedo moverme, paralizada me encuentro bajo tu intensa mirada oscura. Alto e imponente te alzas ante mí, tu pelo largo a merced del viento de la noche. No haces nada, no dices nada, tan sólo miras. Me miras a mí, una simple mortal que pronto habrá de convertirse en tu presa pero eso no me importa, tal es mi cautiverio ante ti.

Inmóvil observo cómo te acercas lentamente hacia mí, tus pasos carentes de sonido alguno hacen que mi corazón palpite con más fuerza en mi pecho, ansioso por ti. Mi respiración se acelera y noto como mi cuerpo te anhela. Sé que fuiste tú aquel que durante tanto tiempo ha estado velando por mí, aquel que me hacía sentir segura después de aquella trágica noche, podía sentir tu presencia en las sombras. ¿Por qué has decidido darle fin a mi vida ahora? No consigo entenderlo, mi mente no reacciona ante ti, no puedo pensar en nada más que en tu cautivadora imagen.

A pocos centímetros de mí detienes tus pasos, alzas tu mano a mi mejilla y con delicadeza levantas mi cabeza hasta que mi mirada se une a la tuya. Mi respiración se acelera, en tus ojos veo el deseo, ese deseo que comparto por ti. Tus labios entreabiertos aspiran el aroma de mi sangre con ansia. ¿Te sientes impaciente? Yo también.

Despacio desciendes hasta que siento tu aliento en mis labios, quiero besarte pero sé que tú no lo harás. Inmóvil espero que hagas algo pero tus ojos siguen fijos en mi mirada, apresándome. Lentamente, matándome de impaciencia por dentro, disfrutando de este momento, prosigues tu descenso. Tus labios rozan mi mejilla, la línea de mi rostro hasta llegar a mi cuello, en el que mi vena palpita esperando a que tus colmillos desgarren la piel que impide que mi sangre mane para ti.

Tu mano acuna mi cabeza mientras tus dedos se enredan en mi pelo, la otra descansa en mi cintura, dándome la seguridad que necesito. Siento tus labios besan dulcemente mi cuello, me produce un escalofrío que me recorre todo el cuerpo. Esos labios dan paso a tu lengua que acaricia con deseo el lugar donde clavarás tus colmillos. Espero impaciente el momento en que lo hagas, ya no puedo resistirme más.
Algo lacerante se siente en mi cuello, tus colmillos se entierran en mi piel y bebes ansioso mi sangre. Me rodeas con tus brazos para evitar mi caída mientras que yo me hundo en una espiral de placer sin límite. Siento que poco a poco pierdo el sentido, la realidad se disipa de mi mente. ¿Voy a morir? No me importa si es en tus brazos.


Un estado de letargo se apodera de mí. ¿Es esto la muerte? No lo sé. Lo último que siento son tus brazos levantándome del suelo abrazándome contra tu pecho. 

lunes, 13 de mayo de 2013

Cambio de 'look' de Mérida (Brave, Indomable)

Quiero adentrarme en un mundo de princesas hoy. Aunque no soy muy aficionada a este tipo de películas (de pequeña las odiaba) he de reconocer que algunas princesas Disney tienen todo mi respeto pos demostrar en sus películas que pueden abrirse camino en un mundo de hombres si se tiene lo que hay que tener, por esto y por muchas otras cosas mi favorita siempre fue Mulan pero el año pasado se estrenaba una película de Pixar, Brave (Indomable). En esta ocasión la factoría Pixar de Disney nos sorprendió con un mundo inspirado en las tierras de Escocia y en su abundante cultura, una película llena de hermosos paisajes y ricos detalles inspirados en las leyendas y en la vida de siglos pasados de esta región situada en las islas Británicas. 
Nuestra pequeña princesa celta nos sorprende con su carácter fuerte y decidido, dispuesta a luchar por lo que realmente quiere y con un aspecto vivaz, sus desordenados e indomables rizos rojos enmarcan una cara redonda y audaz, con unos ojos de color verde, algunas pecas en sus mejillas y una sonrisa de entusiasmo y que denota confianza en si misma. Esta pequeña creación se llama Mérida, a la que además añadieron un carcaj de flechas y un arco como complementos inseparables.

Después de todo el parrafón introductorio que os he soltado me adentro en lo que realmente quería transmitir con esta entrada y es mi total y absoluto desacuerdo con su cambio. La empresa de animación Disney ha decidido que Mérida pase a ser la undécima princesa Disney y para ello le han hecho lo que denominan un "pequeño" cambio de 'look'. ¿Pequeño? ¿Dónde? 

Aquí podéis ver en una imagen comparativa el ahora y el antes de Mérida:
           

Salta a la vista que de pequeño el cambio tiene poco. Parece que le hayan hecho una cirugía estética completa y radical.

Su encantador pelo rizado ha dado paso a unos bucles artificiales de peluquería, sus ojos siempre muy abiertos y curiosos han cambiado para ser más dulces, su sonrisa amplia, viva y de labios finos ha pasado a ser una sonrisa medio tímida con labios carnosos casi sensuales. Su porte antes confiado ahora es mucho más relajado, su vestido antes mucho más realista y fiel a la época en la que se ambienta la película, además de que era sencillo y cómodo para sus activas aficiones, ahora es de una tela mucho más delicada, con unos brillos que ni las telas de carnaval tienen y con bordados en tonos dorados, todo pensado para una delicada princesita. Cabe destacar también que por supuesto el escote lo han bajado hasta el máximo posible, me imagino a nuestra Mérida quejándose por activa y pasiva si tuviese que llevar puesto ese vestido, ya que la incomodaría de forma sobrehumana para llevar a cabo su pasatiempo favorito que es el tiro al arco. Todo esto hay que acompañarlo de un pequeño aumento de senos y reducción de cintura (como dije antes, una operación estética completa en toda regla). Y por último unirle la desaparición de sus inseparables complementos durante toda la película: su carcaj de flechas y su arco. En la nueva versión se han esfumado sin dejar ni el más mínimo rastro.
Su actitud y su aspecto en general ha pasado de ser el de una niña-adolescente que le gusta disfrutar de la vida y el tiro al arco a presentar un aspecto mucho más maduro y sensual, como si estuviese esperando a que llegase su prefabricado príncipe azul para que la recoja en su maravilloso corcel y le solucione la vida. 

Para terminar, he de decir que esta es mi más sincera opinión y puede que haya mucha gente de acuerdo con el cambio de 'look' de Mérida, yo no lo estoy como se habrá podido observar, es más, me parece que han cogido a una gran heroína y han hecho de ella lo que querían que fuera, un calco de las princesas Disney anteriores, todas ellas esperando pacientes a un hombre que las salve. Si este tipo de películas y dibujos son lo que ven los niños y niñas es lo que van a aprender y yo no quiero que mis futuras hijas aprendan a esperar a que un hombre les solucione sus problemas, quiero que aprendan a vivir independientes, a cuidar de sí mismas y a luchar por lo que quieren.

martes, 26 de febrero de 2013

Recuerdos.

Hoy, 26 de febrero de 2013, dos años y un mes hacen ya.
Aún me cuesta creer que no volveré a verte entrar por la puerta del piso en el que ahora me encuentro sola.
Tú que tantas veces me apoyaste. Tú que me enseñaste a amar todo lo escrito, a querer la música clásica, a ver los sentimientos detrás de una obra de arte, a apasionarme con lo que hago, a perseguir mis sueños.
Ya no estás aquí.
Sigo con mi vida, no puedo quedarme en el pasado pero no puedo ni quiero olvidar todo lo que he pasado contigo.
Alegrías, penas, lágrimas, risas, peleas... Pero siempre a mi lado en el camino, llevándome de la mano y a veces dándome un pequeño empujón cuando sabías que lo necesitaba.
Qué gran verdad es esa cuando dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes y yo se que ya no volverás por mucho que todos queramos pero no desapareces de nuestro lado. Creo que digo esto en nombre de todos lo que te conocieron y es que tu siempre fuiste una persona muy importante, para mí la más importante en mi vida además de mis padres, pues tu fuiste como uno de ellos.
Una mezcla de sentimientos me invaden cuando pienso en lo que perdí. Dolor, impotencia, desesperanza, a veces me encuentro perdida sin tu consejo. Otras veces todo eso se transforma y las lágrimas dan paso a una satisfacción plena porque recuerdo todo lo que me enseñaste así como recuerdo que no me perdonarías el que perdiese mi tiempo lamentándome por lo que ya no tiene solución. Miro hacia delante y se que no estoy sola, mucha gente me acompaña en el camino que tengo por delante y que tengo que recorrer, yo sola doy mis pasos pero no estoy sola en mi camino, a mi alrededor veo a toda la gente a la que quiero y me quiere, se que esas personas no me dejarán sola, se que me apoyarán como yo intento apoyarlos en todo.
También se que tu estás ahí, sea donde sea, estés donde estés, siempre estarás conmigo, cuidando de que siempre me levante cuando me caiga.
Ahora me doy cuenta de que te dije muy pocas veces lo mucho que te quería y lo importante que eras para mí. Se que lo que tu me diste no se puede pagar con nada, no se le puede poner ningún valor, es incalculable. Te contentabas con verme feliz. Por todos los medios intentaré vivir como tu me enseñaste.
Te quiero mucho, gracias por todo lo que me diste. 

jueves, 10 de enero de 2013

Labios de sangre. Preludio

La noche ya había caído. Un velo de niebla fría daba al lugar una falsa luz, cubriendo la luna y las estrellas brillantes en un cielo negro. Era noche de luna llena, una noche oscura a pesar de esto. Todo estaba en silencio y el mundo parecía dormir en un tranquilo sueño.

Pero esta tranquilidad no era tal. Se respiraba miedo y sangre en el aire cargado. Las brujas se reunían en oscuros aquelarres, escondidas en lúgubres claros del bosque. La cabra de la muerte parecía llorar como un gato en lo alto de un árbol muerto. Las ánimas de la Santa Comparxa vagaban en silenciosas procesiones fúnebres por los cruceros de piedra. Los lobos aullaban rompiendo el silencio nocturno, haciendo un eco sordo en los montes ocultos. Extrañas sombras de criaturas funestas parecían saltar sobre los tejados de las casas de la aldea. El aspecto lóbrego del lugar era debido al atraso de aquella gente respecto a las ciudades y villas más próximas, que de cualquier manera se encontraban lejos. Una pequeña villa que antaño había sido lugar de paso para grandes personajes y próspera debido a los intercambios mercantiles allí efectuados pero que con el paso del tiempo sus habitantes se tornaron reacios a asimilar los cambios tecnológicos y los avances de la ciencia.

Una espesa bruma recorría toda la aldea, y se colaba en las casas por debajo de las puertas; la luna era opaca esa noche. Todo ese escenario parecía sacado de algún cuento de miedo perdido en el tiempo... Mirabelle se asomó a la ventana, ya no aguantaba más tiempo en la cama dando vueltas sin poder dormir. No le gustó lo que vio fuera. Un escalofrío le recorrió el cuerpo y erizó el vello de sus brazos. Tuvo el impulso de abrir el cristal, pero sintió terror cuando respiró el aire que olía a muerte cercana. Un extraño personaje con un largo abrigo negro estaba sentado en el tejado, frente a la casa de Mirabelle. La muchacha distinguió unos cabellos de negro y azabache que llegaban más abajo de los hombros de aquel extraño. La pálida luz de la luna no le mostraba nada más, sólo aquella oscura melena y el perfil de un ser que aunque inspiraba miedo, también le traía interrogantes a su mente que no lograba llegar a comprender. La joven pensó que sería mejor cerrar la ventana y acostarse de nuevo. Tal vez sus ojos la engañaban, o quizás soñase despierta... Pero, ¿quién era aquél extraño, y qué hacía en el tejado a aquellas horas de la madrugada? Fuese como fuese, absorta como estaba en sus pensamientos, no le dio tiempo a reaccionar cuando la sorprendió aquel diablo.

La observaba desde el alféizar de la ventana. Mirabelle no se percataba de que él la llevaba observando varios minutos y se preguntaba cómo había llegado allí, pero no encontró explicación. Parecía un joven como cualquier otro, pero no era realmente así. Sus ojos azules, fríos y punzantes estaban clavados en ella con una mirada impía. La muchacha reparó en unas venas azules que se dibujaban en su rostro pálido. Otras venas rojas tornaban aquellos ojos de hielo en un infierno sangriento. Las pálidas mejillas contrastaban con sus labios amoratados, una dulce boca de sabor amargo. Sonrió en cuanto la joven se paralizó ante tan llamativa e inusual  imagen. Era una sonrisa sin escrúpulos, en la que relucían unos caninos amarillos muy afilados. Un hilillo rojo se escapó de su boca, sangre caliente que hirvió en los labios de aquella criatura.

Mirabelle, paralizada, no sabía qué hacer. Tenía miedo de aquel ser extravagante que no dejaba de sonreír y observarla; y ella estaba tan asustada que lo único que pudo hacer fue llorar. Una lágrima bajó hasta la comisura de su boca. El vampiro acercó una mano, con largas y viejas uñas, hasta el rostro de la muchacha. La acarició y enjugó sus lágrimas. La joven ya no sentía terror, pues había dejado de verlo como un monstruo. Lo miró a los ojos y sintió que realmente no quería escapar: su mirada seductora y fija la tenía hipnotizada. Así, quietos y en silencio, permanecieron algunos minutos que fueron eternidades, una tras otra. Ella pareció confiar ahora en aquella criatura de la oscuridad, pero la tranquilidad que sintió en aquel instante se vio interrumpida por la sensación de sed del vampiro. Le echó las garras encima y la muchacha consiguió esquivarlas. El demonio perdió el equilibrio y cayó dentro de la habitación, de rodillas ante la asustada Mirabelle. Se descontroló y se llenó de furia, la atacó sin piedad saltando sobre ella, necesitaba su sangre para vivir aquella noche y no le quedaba mucho tiempo antes del amanecer. La persiguió por todo el cuarto. Ella consiguió llegar a la puerta y quiso abrirla, pero el vampiro saltó sobre ella y se lo impidió. La joven corrió dando vueltas con aquel ser a sus espaldas, muy cerca. Tropezó y tiró un espejo al suelo que rompió en pedazos. Mirabelle cogió uno de aquellos cristales y se enfrentó a su miedo. Ya no había escapatoria: era luchar con una oportunidad de conseguir escapar, o abandonar toda posibilidad. Uno frente a otro, una mirada rabiosa y depravada ante otra asustada y temerosa.

El vampiro la atacó y clavó sus uñas en el rostro de ella, arañándole la mejilla. Mirabelle no quería morir, arremetió contra él y le hundió el cristal en el pecho, atravesándole el corazón. La criatura profirió un grito ensordecedor de agonía, signo de pesar y liberación al mismo tiempo. Su alma se liberó. Gran cantidad de sangre salió de su pecho y su boca. Mirabelle recordó entonces unos versos que había leído en algún libro de la biblioteca, y los modificó para la ocasión:

"Sí, te he querido como nunca. ¿Por qué besar tus labios de sangre, si se sabe que la muerte está próxima?"

El cadáver se convirtió en polvo. Entre unas pocas cenizas negras que quedaron, la joven encontró una cadena y una placa, ambas de oro. En ella leyó un nombre con un apellido: Kenneth McCormick. Recordó entonces la antigua leyenda del castillo en la ladera norte de la montaña. Amanecía cuando se acercó de nuevo a la ventana, con las cenizas envueltas en un pañuelo de seda. Las echó al viento y pareció formarse un remolino en el que Mirabelle pudo ver el rostro de Sir Kenneth. Puso la cadena en su cuello y la apretó contra el pecho. Se sintió feliz. La herida de la cara pareció hervir en aquel momento. Un hilo de sangre goteó en su camisón.